Hay películas que nacen con vocación de incomodar, de provocar al espectador desde el mismo título. La película proveniente de los Países Bajos titulada MEAT KILLS (2025) dirigida por Martijn Smits, sorprende tanto por su ambición como por sus contradicciones, y deja en el espectador una sensación ambigua: entretiene en partes, incomoda en otras, pero rara vez convence del todo.
Para demostrar que es digna de unirse al "Ejército Animal", un grupo activista radical liderado por la intrépida Nasha, Mirthe filma en secreto los horrores de una granja porcina local. Sus imágenes le valen una misión para liberar a los cerdos, pero cuando Mirthe y el grupo regresan por la noche, encuentran las jaulas vacías: los cerdos ya han sido sacrificados. Enfurecida, Nasha se dedica a vengarse y a torturar a los hijos del granjero.
MEAT KILLS se mueve en un terreno incómodo, mezclando terror, sátira social y discurso político alrededor de la industria cárnica, el consumo masivo y la violencia normalizada. La premisa es potente y, sobre el papel, muy sugerente: utilizar el género para hablar de una violencia estructural que aceptamos como parte del sistema. Durante su primer acto, la película funciona especialmente bien, construyendo una atmósfera sucia, opresiva y desagradable que no deja lugar a dudas sobre el tipo de experiencia que propone.
Visualmente, la película apuesta por una estética cruda, casi industrial, con una fotografía dominada por tonos fríos, grises y marrones que refuerzan la sensación de asfixia moral. Hay imágenes que impactan de verdad, no tanto por lo explícitas como por lo incómodas, por esa forma de mirar sin apartar la vista. En ese sentido, MEAT KILLS entiende muy bien el poder del terror como herramienta de incomodidad más que como simple generador de sustos. El problema llega cuando el discurso empieza a pesar más que la narración. La película tiene cosas que decir, muchas, y casi todas legítimas, pero no siempre confía en el espectador para llegar a sus propias conclusiones. En más de una ocasión, el guion opta por verbalizar ideas que ya estaban claras en la puesta en escena, restando sutileza y haciendo que el mensaje pierda fuerza en lugar de ganarla. Cuando el terror se convierte en sermón, el impacto se diluye.
A nivel narrativo, la historia avanza de forma irregular. Hay tramos muy inspirados, donde el ritmo y la tensión se alinean con el discurso, y otros en los que la película parece estancarse, repitiendo conceptos y situaciones sin aportar nuevas capas. Esa sensación de reiteración juega en su contra, especialmente en un metraje que habría agradecido una mayor contención. No es una película aburrida, pero sí una que podría haber sido más incisiva con menos duración. Las actuaciones cumplen, aunque la naturaleza alegórica de los personajes limita la conexión emocional con la audiencia. Caro Derkx ofrece una interpretación sólida como Mirthe, transmitiendo la tensión entre idealismo y culpa inherente a su personaje, y Emma Josten destaca en el papel de Nasha, una líder implacable y polarizante. Sem Ben Yakar, Sweder de Sitter y Bart Oomen también aportan presencia física y energía a sus respectivos roles, pero ninguno logra elevar la historia por encima de su propia literalidad temática.
En cuanto al terror, MEAT KILLS no juega a lo convencional. No hay una búsqueda clara del "jump scare" fácil, sino una apuesta por el malestar constante, por la sensación de estar atrapado en un sistema podrido del que no se puede salir limpio. Funciona mejor como experiencia sensorial y conceptual que como película de terror tradicional, algo que puede dividir al público según sus expectativas, aunque el gore ayuda en ciertos momentos para el fanático mas extremo.
En definitiva y resumiendo: MEAT KILLS es una película interesante, con imágenes potentes y un discurso necesario, que merece ser vista y discutida, pero que no termina de redondear su propuesta. No es una experiencia fácil ni cómoda, pero sí una de esas películas que, aunque no convenzan del todo, te obligan a pensar. Y en el cine de género actual, eso ya es decir bastante.




