Terrores nocturnos: El asesino de Lover Lane (2000)

 

Como fan de los slashers de los 80 –esos con sustos predecibles, personajes estereotipados y un encanto cutre que acababa siendo entrañable– me acuerdo de haber alquilado en VHS la película de EL ASESINO DE LOVER LANE (2000), dirigida por Jon Steven Ward. La idea pintaba bien: un asesino con garfio, una leyenda urbana de fondo y un grupo de adolescentes en peligro. Sin embargo, lo que podría haber sido un homenaje divertido al género se queda en un producto flojo y aburrido, con un guion torpe, actuaciones discretas y una producción tan barata que cuesta tomársela en serio en algún momento.

En el día de San Valentín, dos jóvenes fueron brutalmente asesinados en Lover Lane. El asesino, un maníaco que desgarraba a sus víctimas con un garfio, fue arrestado y trasladado a un hospital psiquiátrico para cumplir su condena. Los asesinatos de Lover Lane, conmocionaron a toda la ciudad, no sólo por la crueldad del crimen sino por que los jóvenes amantes estaban casados y se había descubierto sus infidelidades. Trece años después, en el día de San Valentín, el asesino ha conseguido escapar. En su mente sólo hay un pensamiento: matar. En Lover Lane no hay sitio para el amor… sólo para el miedo.

Un simple accidente (2025)

 

UN SIMPLE ACCIDENTE parte de una idea atractiva y muy reconocible dentro del cine iraní contemporáneo: cómo un hecho aparentemente menor puede convertirse en un detonante moral, emocional y social. La película se mueve en ese terreno de ambigüedad tan habitual del género, pero lo hace con una prudencia que termina jugando en su contra. Hay intención, hay discurso, pero falta riesgo.

Vahid, un modesto mecánico iraní, se ve repentinamente forzado a rememorar su tiempo entre rejas a raíz de un encuentro casual con Eghbal, quien le recuerda a su sádico carcelero. Alarmado, Vahid reúne a sus antiguos compañeros de prisión para verificar la identidad de Eghbal. Pero... ¿Qué harán si resulta ser él?

El botín (2026)

 

Hay películas que se disfrutan mientras duran y se evaporan poco después de los créditos finales. EL BOTÍN (2026) pertenece claramente a esa categoría. No es un mal thriller, ni mucho menos, pero tampoco es ese golpe sobre la mesa que su reparto y su premisa parecían prometer. Joe Carnahan vuelve al terreno del cine policiaco con una historia de corrupción, lealtades frágiles y decisiones morales cuestionables, pero lo hace con el freno de mano puesto, sin terminar de lanzarse al abismo que su propio planteamiento sugiere.

La confianza de un grupo de policías de Miami comienza a resquebrajarse después de descubrir millones de dólares en efectivo en un escondite abandonado. A medida que fuerzas externas se enteran del tamaño de la incautación, todo se pone en duda, incluso en quién pueden confiar.