En el cine estamos acostumbrados a que las grandes tragedias ocupen toda la pantalla. Incendios, inundaciones, terremotos o cualquier otra catástrofe suelen convertirse en el centro absoluto de la historia. REBUILDING, dirigida por Max Walker-Silverman, toma una dirección muy distinta. No le interesa tanto el desastre como las personas que tienen que convivir con sus consecuencias. Y precisamente ahí encuentra tanto sus mayores virtudes como algunas de sus limitaciones.
Después de que un incendio forestal arrasara su granja, Dusty (Josh O’Connor), un padre divorciado, se ve obligado a comenzar de nuevo en un campamento de casas rodantes habilitado por el gobierno. En medio del dolor, encuentra una inesperada red de apoyo en sus nuevos vecinos, mientras intenta recomponer los lazos rotos con su exesposa Ruby (Meghann Fahy) y su hija Callie-Rose (Lily LaTorre).
Lo primero que llama la atención es el tono que adopta Walker-Silverman. Lejos de apostar por el dramatismo fácil, construye una película íntima, pausada y muy observadora. El incendio está presente durante todo el metraje, pero como una herida abierta que condiciona a los personajes más que como un espectáculo visual. No hay grandes secuencias de destrucción ni escenas diseñadas para impresionar al espectador. La tragedia ya ha ocurrido cuando comienza la historia y lo que vemos es el vacío que deja detrás. Esa decisión narrativa aporta personalidad a la película. REBUILDING se siente más interesada en las personas que en los acontecimientos. La cámara observa a los personajes en momentos cotidianos, permitiendo que sean las conversaciones, los silencios y las miradas las que construyan el relato. Es un enfoque que funciona especialmente bien cuando la película explora las emociones de Dusty y su dificultad para expresar lo que siente.En ese sentido, Josh O'Connor realiza un trabajo excelente. Su interpretación está basada en la contención y la naturalidad. Dusty es un hombre acostumbrado a resolver los problemas por sí mismo, alguien que parece incapaz de pedir ayuda incluso cuando la necesita desesperadamente. O'Connor consigue transmitir todo ese peso emocional sin caer nunca en el exceso dramático. Hay momentos en los que basta observar su rostro para comprender la mezcla de frustración, tristeza y agotamiento que arrastra el personaje. Pero si hay una sorpresa especialmente agradable dentro del reparto, esa es Lily LaTorre. La joven actriz interpreta a Callie-Rose, la hija de Dusty, y aporta una autenticidad que resulta fundamental para el éxito emocional de la película. Muchas veces los personajes infantiles en este tipo de dramas quedan relegados a simples herramientas narrativas destinadas a provocar emociones en el espectador. Aquí ocurre justo lo contrario. Callie-Rose tiene personalidad propia, presencia y una humanidad que traspasa la pantalla. LaTorre consigue que cada escena resulte creíble y espontánea, alejándose de cualquier sensación de artificio. Además, comparte una química fantástica con Josh O'Connor. Las secuencias entre ambos contienen algunos de los momentos más sinceros de toda la película. La relación entre padre e hija está llena de cariño, pero también de distancia emocional y heridas que todavía no han terminado de cerrar. Ver cómo ambos intentan reencontrarse termina convirtiéndose en el verdadero corazón de la historia.
Otro de los aspectos más interesantes de REBUILDING es la importancia que concede a la comunidad. El campamento donde viven los afectados por el incendio se transforma en una especie de refugio emocional donde personas que lo han perdido todo intentan ayudarse mutuamente. La película transmite la idea de que reconstruir una vida no es un proceso individual, sino algo que muchas veces depende de quienes están dispuestos a tender una mano cuando más se necesita. Visualmente, la propuesta también resulta coherente con su planteamiento. Los paisajes rurales del oeste estadounidense aportan una belleza discreta que encaja perfectamente con el tono contemplativo de la narración. La fotografía evita cualquier exceso y apuesta por una estética sencilla que favorece la cercanía con los personajes.
Sin embargo, no todo funciona igual de bien. El principal problema de la película es su ritmo. Aunque la lentitud forma parte de su identidad, hay momentos en los que la historia parece estancarse. Algunas escenas transmiten la sensación de repetir ideas que ya habían quedado claras, lo que provoca que el interés decaiga ligeramente durante ciertos tramos. Además, cuando llega el momento de resolver algunos conflictos importantes, el guion opta por decisiones relativamente previsibles. Después de construir una historia tan centrada en los matices emocionales, se echa en falta algo más de riesgo narrativo en su tramo final.
En definitiva y resumiendo: REBUILDING no es una película sobre perder una casa, sino sobre descubrir qué queda de nosotros cuando todo lo demás desaparece. Max Walker-Silverman construye un drama íntimo, sencillo y sincero que encuentra su mejor versión en las relaciones humanas y en esos pequeños momentos que muchas veces dicen más que cualquier gran discurso, pero también estamos ante una película imperfecta, con un ritmo que en ocasiones se toma más tiempo del necesario, pero también llena de sensibilidad y humanidad. Josh O'Connor ofrece una interpretación sobresaliente y Lily LaTorre aporta una autenticidad que termina convirtiéndose en el verdadero corazón de la historia. Puede que REBUILDING no busque emocionar a base de golpes de efecto, pero sí consigue algo más difícil: hacer que nos preocupemos por sus personajes. Porque a veces reconstruir una vida es mucho más difícil que reconstruir un hogar. Y ahí es donde esta película encuentra su verdad más poderosa. Una historia sobre las cenizas del pasado y la esperanza de empezar de nuevo.


