En el paisaje contemporáneo del cine de género, donde los íconos de dominio público se transforman en criaturas de horror (véase WINNIE THE POOH o PETER PAN), SHIVER ME TIMBERS parece querer jugar en la misma cancha: una comedia de terror autoconsciente que imagina a Popeye como un asesino sobrenatural. Sin embargo, lo que podría haber sido una pieza brillante de sátira gore se queda en un pastiche superficial, mal equilibrado y narrativamente torpe. La película naufraga entre sus buenas intenciones y su ejecución deficiente.
En 1986, en el norte de California, Olive Oyl, su hermano Castor y sus amigos, se van de acampada para ver la lluvia de meteoritos con el cometa Halley. Pero la noche se convierte en horror cuando un meteorito transforma a Popeye, en una imparable máquina de matar.
