miércoles, 21 de marzo de 2018

Mute (2018)


Cuando su novia desaparece, un hombre mudo (Alexander Skarsgård) se adentra en el sórdido submundo de un Berlín futurista (año 2056), donde sus acciones hablarán sin necesidad de palabras.

Había mucho “hype” por la llegada de MUTE (2018) debido a que su director Duncan Jones podía por fin llevar su proyecto soñado durante más de 12 años a la pantalla. El cineasta de MOON (2009) y CODIGO FUENTE (2011) ha tenido a su lado a los buenos de Netflix que han sido lo suficiente amables para ayudar a que ese sueño se hiciera realidad (o mejor dicho, esa pesadilla).


MUTE es otra película en la reciente tendencia de reactivación de BLADE RUNNER (1982)  que parece estar en auge en la ciencia ficción. BLADE RUNNER 2049 (2017) mantuvo la franquicia con una historia de tono triste y hermoso (que las audiencias evitaron principalmente). ALTERED CARBON (también de Netflix) creó una serie de ciencia ficción que parecía estar ambientada en el mismo universo de BLADE RUNNER iluminado por neones y donde llueve constantemente. Ahora MUTE intenta sumar todo lo anterior con otro sombrío futuro. Las luces de neón zumban, las calles están constantemente mojadas, y la tecnología se utiliza de manera aplastante, pero eso es, posiblemente, el único punto positivo de la película y es que la considerable habilidad de Jones con el lenguaje cinematográfico no se le puede negar.


Lamentablemente, no es suficiente para realizar una película entretenida. MUTE es un viaje inconexo y nihilista a través de dos tramas distintas que casi no tienen nada que ver entre sí, salvo por el hecho de que habitan en el mismo mundo (exceptuando, un giro de guion muy sobado) Estas dos historias nunca llegan a ser satisfactorias. El resultado final es una película frustrante, cargada de potencial, pero sin alma, consiguiendo un total aburrimiento por parte del espectador. Por un lado la historia de Alexander Skarsgård donde solo se dedica ir de un escenario a otro buscando a su pareja sin ningún interés en lo que ocurre (donde el director parece que tampoco le importa mucho) y por otro lado la de los personajes de Paul Rudd y Justin Theroux en la que parece que realmente el director se quería centrar más, ya que los personajes tienen potencial y ambos actores tienen una química en pantalla muy buena, pero son usados de una mala manera (cuando en manos de otros directores, podía haber sido un dueto acojonante).


Para cuando MUTE llega a su conclusión, te queda una sensación desafortunada y hueca. La película es tan implacablemente desagradable y aburrida que solo esperas olvidarla, a pesar de ello, se puede salvar de la quema la  banda sonora de Clint Mansell  y las actuaciones de Rudd (actuando en el personaje más desagradable de su carrera) y Theroux  pero simplemente no es suficiente.


En definitiva y resumiendo: Jones es un buen cineasta (como demostró en sus dos primeras películas) pero en MUTE no es capaz de que nada sea atrayente o entretenido. Parece más un proyecto apasionante del director pero que no ha sido capaz de plasmar en ningún momento en la pantalla. Una autentica lastima y una completa pérdida de tiempo.

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