El silencio de Julie (2024)

Hay películas que deciden no gritar. Que apuestan al susurro, a la pausa, al silencio como forma de contar. EL SILENCIO DE JULIE, ópera prima de Leonardo Van Dijl, intenta exactamente eso: hablar de un tema urgente —el abuso de poder en el deporte y el trauma que deja— sin decirlo todo, sin mostrarlo todo. Pero a veces, en esa elección de no decir, también se pierde la fuerza del mensaje.

Como jugadora estrella de una academia de tenis de élite, la vida de Julie gira en torno al deporte que ama. Cuando su entrenador es investigado y suspendido repentinamente, todos los jugadores del club se animan a hablar. Pero Julie decide guardar silencio...

Van Dijl apuesta por la contención extrema. Planos largos, pocos diálogos, un ritmo pausado y una protagonista que, literalmente, apenas dice una palabra. La cámara la sigue de cerca —en la cancha, en los pasillos, en su habitación— pero rara vez logra que entremos del todo en su cabeza. Y eso duele, porque la interpretación de Tessa Van den Broeck tiene algo magnético. No es actriz profesional, pero tiene una presencia que transmite. Sus gestos, su forma de moverse, su mirada perdida entre la rabia y el miedo… todo eso habla. Y sin embargo, el guion no le da suficiente para construir un arco real. Julie queda atrapada en su propio mutismo, y nosotros también.


La gran pregunta que flota es: ¿por qué calla? ¿Por miedo? ¿Por culpa? ¿Por lealtad? ¿Porque no sabe qué decir? La película insinúa todo, pero no se la juega por nada. Y lo que empieza como un misterio emocional, termina sintiéndose como una desconexión. Visualmente, la película es impecable. La fotografía de Nicolas Karakatsanis trabaja con colores fríos, mucho gris, mucha distancia. Cada plano parece diseñado para recordarnos cuán sola está Julie. La música de Caroline Shaw suma tensión, pero siempre contenida, como si algo fuera a pasar... pero no pasa.


Ese es otro de los problemas. Durante casi 100 minutos, la historia parece prometer que en algún momento va a estallar. Que el silencio se va a romper. Que alguien —ella, los adultos, el sistema— va a decir lo que no se dice. Pero ese momento nunca llega. Y aunque entendemos que el mensaje puede estar en lo no dicho, también hay una diferencia entre el minimalismo emocional y la falta de profundidad. Los personajes secundarios apenas se desarrollan. Sus padres, sus compañeros, su nuevo entrenador... todos giran en torno a ella, pero no aportan demasiada dimensión. El relato se estanca en escenas repetitivas de entrenamiento, de caminatas solitarias, de tensión no resuelta.


En definitiva y resumiendo: EL SILENCIO DE JULIE es una película que quería ser delicada, introspectiva y potente. Y termina siendo… demasiado silenciosa. Tiene momentos que conmueven, una actriz que promete mucho, y una propuesta visual coherente. Pero no alcanza. Su contención, que al principio parece una virtud, termina apagando la historia que quiere contar y dejando con un nivel de poca satisfacción en el espectador.