Llegar a una tercera entrega nunca es sencillo, y menos cuando una saga ha construido su identidad sobre la dureza, el compromiso social y una protagonista que no admite concesiones. MARDAANI 3 asume ese reto sin rodeos. No intenta reinventarse ni buscar un impacto artificial. Prefiere reforzar lo que ya funcionaba, aun a costa de repetir ciertos esquemas. Y ahí reside tanto su fortaleza como su principal freno.
Es una carrera contrarreloj y no habrá piedad. Shivani Shivaji Roy está de vuelta para rescatar a las chicas que desaparecen sin dejar rastro.
La película vuelve a situar en el centro a Shivani Shivaji Roy, interpretada por la actriz Rani Mukerji, un personaje que ya no necesita presentación. Mukerji sostiene la película con una autoridad que no se impone, se desprende. Su Shivani transmite experiencia, cansancio y una determinación casi automática. No actúa para demostrar nada; actúa porque no sabe mirar hacia otro lado siendo una defensora de la ley. Aquí no hay heroína mitificada (aunque su presentación es digna de heroína masala) ni discursos diseñados para el aplauso. Hay una mujer marcada por años de enfrentarse a la violencia, consciente de que cada victoria es parcial y de que el sistema al que sirve rara vez responde como debería.
Desde el arranque, MARDAANI 3 deja claro que no será una experiencia cómoda. El tono es serio, seco, y el tratamiento del crimen vuelve a girar en torno a redes de explotación y violencia estructural. No hay intención de suavizar el material ni de convertirlo en espectáculo. La película incomoda a propósito y evita cualquier barniz de entretenimiento ligero. Es un thriller que prefiere tensar antes que gustar. Este enfoque, tan coherente como poco comercial, vuelve a situar a la saga en un lugar incómodo dentro del cine mainstream indio, y eso es parte de su identidad y de crear un interés en un publico que no quiera la típica película grandilocuente y exagerada.
En su primera mitad, el film funciona con notable eficacia. La presentación del conflicto es clara, el ritmo se siente natural y la tensión se construye sin prisas artificiales. Hay una sensación constante de urgencia que empuja la historia hacia delante sin necesidad de giros forzados. Dirección sobria, guion directo al núcleo del problema y un pulso narrativo bien medido, como se demuestra en la escena del metro. El desgaste aparece en su segunda mitad después del famoso Interval. MARDAANI 3 empieza a apoyarse demasiado en estructuras ya conocidas, tanto dentro de la saga como en el thriller social en general. La historia sigue siendo grave y pertinente, pero se vuelve más previsible. No pierde intensidad, pero sí capacidad de sorpresa. Ese carácter funcional se nota también en los personajes secundarios, que cumplen su papel dentro del engranaje narrativo sin llegar a desarrollarse del todo. El guion parece más interesado en sostener su discurso social que en explorar matices emocionales complejos. Es una elección coherente con la propuesta, pero limita el impacto dramático en ciertos momentos clave. No es tanto un fallo como una consecuencia directa de priorizar el mensaje sobre el desarrollo individual.
Uno de los rasgos más coherentes de MARDAANI 3 es su tratamiento del antagonista. Aquí no se apuesta tanto por un villano carismático que acapare la atención (como ocurría en su secuela) sino por una amenaza más difusa, casi estructural. El mal no se concentra en una sola figura, sino que se manifiesta como una red de abusos, silencios y complicidades. Es un acierto dentro de la película, pero también es un riesgo. Al no personalizar del todo el conflicto, la película renuncia a un enfrentamiento clásico más memorable, pero gana en coherencia temática. El enemigo no es solo alguien a quien detener, sino algo mucho más difícil de erradicar y que hará que el publico aplauda durante su final. En el apartado técnico, la película responde con solvencia. La puesta en escena es contenida, la edición mantiene el pulso cuando la narración lo permite y las escenas de acción evitan el exceso gratuito. No hay grandes alardes visuales ni voluntad de impresionar por acumulación. MARDAANI 3 entiende que su fuerza no está en el espectáculo, sino en la mirada. Todo está al servicio del tono, no del impacto inmediato.
En definitiva y resumiendo: MARDAANI 3 no es la entrega más sorprendente de la saga, ni pretende serlo. Funciona como una confirmación más que como una reinvención. Es una película firme, incómoda y coherente con lo que ha venido contando desde su primera entrega. Tiene ciertas repeticiones de esquema, ciertos desequilibrios y una estructura que no siempre arriesga, pero también una convicción clara y una actriz protagonista que sigue siendo uno de los personajes más sólidos del thriller indio contemporáneo. Sin duda, gustara a los espectadores que les guste un thriller mas serio, potente y menos grandilocuente dentro del cine indio, como a los fanáticos de las (des)venturas de la actriz Rani Mukerji con su personaje de Shivani Shivaji Roy.




