Mister Video: Nueve reinas (2000)

 

En el año 2000, cuando el cine argentino empezaba a despegar con una nueva generación de directores y guionistas, apareció NUEVE REINAS, la ópera prima de Fabián Bielinsky. Lo que parecía “solo otra película de estafas” terminó convirtiéndose en un clásico moderno, que no solo conquistó al público local sino que también se ganó un lugar de respeto en el cine mundial.

Buenos Aires. Juan y Marcos son dos estafadores de poca monta, uno joven y un veterano en el arte del timo, que casualmente se ven envueltos en un asunto que les puede hacer millonarios: tienen menos de un día para hacer una estafa que no puede fallar.

Lo que hace que NUEVE REINAS se mantenga tan fresca es, sobre todo, la química de sus protagonistas. Darín como Marcos, está en su salsa como un estafador encantador, cínico y magnético, de esos a los que no deberías confiarles ni un billete pero igual te caen bien. Gastón Pauls como Juan en cambio, aporta la vulnerabilidad justa de timador novato para que nunca termines de descifrar si es víctima o cómplice. Y alrededor de ellos, Bielinsky arma un mundo vivo y creíble: la hermana resentida de Marcos (Leticia Brédice), la anciana que parece insignificante pero resulta clave (Elsa Berenguer), y todo un Buenos Aires vibrante, caótico y lleno de personajes que parecen tener su propio truco escondido.


El guion es una pieza de relojería. Cada diálogo parece tener doble fondo, cada escena una trampa. Y lo mejor es que, además de ser un thriller, funciona como espejo de la Argentina de finales de los 90: un país en crisis, marcado por la desconfianza, donde nadie cree del todo en nadie. La cámara de Marcelo Camorino refuerza esa sensación con una fotografía áspera, llena de grises, mientras que la música de César Lerner, con toques de tango y jazz, acompaña la tensión sin exagerar. Hay momentos que, incluso hoy, mantienen toda su potencia, como la famosa negociación en el hotel o ese instante en el ascensor que mezcla humor con suspense puro.


Por supuesto, no todo es perfecto. Hay tramos del segundo acto que se sienten un poco largos, sobre todo en algunas negociaciones con personajes secundarios. El ritmo en esos pasajes baja un poco y puede sacar de la tensión. Comparada con gigantes del género como EL GOLPE (1973), quizás le falta un clímax más espectacular a nivel visual; Bielinsky apuesta más por la palabra afilada y la sutileza que por escenas grandilocuentes.


Aun con esas pequeñas grietas, su legado es incuestionable. Fue un éxito rotundo en taquilla, arrasó en festivales y hasta tuvo un remake en Hollywood que posiblemente nadie vio titulado CRIMINAL (2004). Su influencia puede rastrearse en películas posteriores de estafas y thrillers de engaños, e incluso en la forma en que el cine argentino empezó a ser visto fuera de sus fronteras. Hoy, en su 25 aniversario, sigue demostrando por qué es considerada un hito dentro del cine en general.


En definitiva y resumiendo: NUEVE REINAS no es solo un thriller brillante: es también un retrato de una época, de una ciudad y de una manera de contar historias con picardía y elegancia. Sí, tiene momentos más lentos y algún detalle envejecido, pero su inteligencia narrativa, sus personajes magnéticos y su aire de “nunca sabes en quién confiar” la mantienen tan vigente como en el 2000.