Tormento (2025)

 

TORMENTO se presenta dentro del cine mexicano reciente como una apuesta clara por el terror, el drama y el conflicto emocional. No es una película que busque gustar ni ofrecer escapismo. Su intención es otra: incomodar, cargar el ambiente y obligar al espectador a convivir con el dolor de sus personajes. En buena parte lo consigue, aunque no siempre con la precisión necesaria para dejar una huella duradera y aparte, es un remake de la película de Paraguay titulada MORGUE del año 2019.

Una exhausta guardia de seguridad es transferida a una morgue y, en su primera noche, descubre que las sombras y los silencios esconden un tormento del que quizá no hay retorno.

La película apuesta por un ritmo contenido y una puesta en escena opresiva desde sus primeras escenas. La historia se construye alrededor de personajes atrapados en situaciones límite, incapaces de desprenderse de su pasado o de encontrar una salida clara a sus conflictos. Todo está orientado a generar una sensación constante de encierro emocional. Este planteamiento resulta coherente y honesto, pero también implica un riesgo evidente: TORMENTO exige paciencia y una implicación activa por parte del espectador. No hay alivios narrativos ni cambios bruscos de tono que oxigenen el relato. La gravedad es constante, para bien y para mal.


Gran parte del peso del film -por no decir todo- recae sobre la actriz Natalia Solián cuyo trabajo se convierte en uno de los pilares más sólidos de la propuesta. Su interpretación es contenida, alejada del melodrama fácil y construida desde el desgaste. Miradas, silencios y pequeños gestos transmiten cansancio y culpa sin necesidad de subrayados constantes. Cuando la narración pierde algo de fuerza, su presencia ayuda a mantener la conexión emocional con la historia. Sin embargo, el guion no siempre le da margen para evolucionar. El personaje permanece anclado en un mismo estado emocional durante gran parte del metraje, lo que limita la posibilidad de explorar otros matices. No es un problema de actuación, sino de guion que quizá (porque no la he visto) la película original.

TORMENTO parte de conflictos interesantes, pero a medida que avanza empieza a apoyarse demasiado en la reiteración. Las situaciones con el terror como protagonista se repiten con ligeras variaciones y el drama progresa más por acumulación de sufrimiento que por verdadera evolución narrativa. El tramo central es donde más se nota este desgaste. La intensidad sigue presente, pero pierde impacto al no ofrecer nuevas capas al conflicto, y entra en un estado de bucle. La película insiste más de lo necesario en emociones que ya han quedado claras, lo que reduce su capacidad de sorpresa.


A nivel técnico, la película está cuidada y mantiene una coherencia visual clara. La fotografía apuesta por tonos apagados, encuadres cerrados y una iluminación que refuerza la sensación de encierro emocional. Todo encaja con el tono del relato y contribuye a construir una atmósfera opresiva. El inconveniente es que esa coherencia apenas se rompe. La puesta en escena se mantiene prácticamente inalterable durante todo el metraje, sin grandes contrastes que acompañen la evolución emocional de la historia. El resultado es eficaz, pero algo uniforme. La película no rehúye los temas incómodos y presenta su discurso de forma frontal. Su mirada sobre el dolor y las consecuencias de determinadas decisiones es sincera, pero también poco ambigua. En varios momentos, el mensaje se subraya más de lo necesario, restando sutileza al conjunto, con un final que sin duda, dividirá al publico. 


En definitiva y resumiendo: TORMENTO es una película de terror con capas de drama que es honesta con sus principios (ya sea para bien o para mal), cuenta con una protagonista que lo da absolutamente todo por el relato, una atmósfera bien construida y una intención clara. Sus problemas de ritmo, reiteración y falta de evolución narrativa le impiden destacar más, pero no anulan sus aciertos. No es una película de terror especialmente memorable ni una obra redonda, pero sí una propuesta respetable, que funciona mejor cuando confía en su intérprete principal y deja respirar a la historia.