Asia Presenta: Dhurandhar: The Revenge (2026)

DHURANDHAR: THE REVENGE (2026) no entra con cuidado. Entra como un golpe en la mesa, de esos que dejan claro desde el primer momento que aquí no hay medias tintas. O entras en su juego… o te quedas fuera.

Bajo la identidad de Hamza Ali Mazari, el espía de la inteligencia de la India Jaskirat Singh Rangi (Ranveer Singh) continúa su operación encubierta en el mundo criminal de Pakistán mientras sigue el rastro de Majo. Aún quedan muchos interrogantes por resolver.

Aditya Dhar repite en el guion y la dirección y se nota que ha querido subir la apuesta en todo. Retoma la historia de Jaskirat Singh Rangi —interpretado por Ranveer Singh—, un personaje que ya no está en ese punto de duda o conflicto interno de la primera parte. Aquí viene roto de serie. Y eso le sienta bien a la película, porque le da una energía mucho más agresiva, más directa. Aparte, que la escena inicial ya no deja ningún tipo de duda de que el personaje principal no tiene problema es destruir todo a su paso para conseguir su objetivo. La base sigue siendo la misma: espionaje, infiltración, traiciones y cuentas pendientes. Pero esta vez todo está más inflado. Más grande pero menos excesivo en su violencia explicita que su primera parte. Y lo curioso es que al no tener tanta, y parecer mas una película de espionaje clásica juega tanto a favor como en contra.


Lo primero que destaca —y no hace falta rascar mucho para verlo— es Ranveer Singh. Está absolutamente desatado. No es una interpretación contenida ni busca serlo. Es presencia pura. Hay momentos en los que parece que la película solo avanza porque él tira de ella. Y funciona, porque tiene carisma de sobra para sostener escenas que, sobre el papel, no deberían aguantar tanto. El problema viene cuando la película decide que no tiene prisa. Porque no la tiene. Estamos hablando de casi cuatro horas de metraje, y eso puede que se note a partir de la segunda hora. No todo el tiempo, pero sí lo suficiente como para que lo notes. Sobre todo en el tramo central, donde la historia se dispersa un poco, como si no tuviera claro si quiere profundizar en los personajes o seguir avanzando en la trama principal. Pero queda claro que el espectador tiene todo el rato la sensación constante de que en cualquier momento puede pasar algo gordo. Y cuando pasa, la película responde totalmente a ello.


La acción sigue siendo uno de sus puntos fuertes. Es seca, directa, bastante cruda en algunos momentos. No busca coreografías elegantes ni espectacularidad limpia. Aquí hay impacto, hay ruido, hay violencia sin demasiados filtros. Y eso le da personalidad. Puede no gustar a todo el mundo, pero al menos no es genérica. El reparto que acompaña tampoco es menor. Vuelven nombres como Sanjay Dutt, R. Madhavan o Arjun Rampal que están ahí, y cumplen. Pero la realidad es que ninguno termina de tener el peso que podría. Orbitan alrededor del protagonista, aparecen cuando toca y desaparecen cuando la historia decide que ya ha tenido suficiente de ellos. No es que estén mal, es que la película no les deja mucho espacio y decir que el personaje de Sara Arjun se reduce mucho en respecto a la primera parte.


Otro punto que ha generado bastante conversación es el tono ideológico. DHURANDHAR: THE REVENGE no se corta en ese sentido. Tiene un discurso bastante marcado, y no intenta disimularlo. Dependiendo de cómo entres, puede parecerte parte de su identidad… o algo que la lastra y se pueda considerar una película de propaganda sobre las bondades de India. No hay punto medio. Y eso, para bien o para mal, también define la experiencia. Visualmente es una película muy potente. Se nota el presupuesto, se nota la intención de hacer algo grande. Hay planos pensados para pantalla grande, para cine lleno, para reacción del público. Y eso hoy en día no es tan común como parece. Aquí hay ambición de espectáculo, sin complejos. Pero claro, esa misma ambición también le juega en contra. Porque cuando intentas hacer todo más grande, corres el riesgo de perder control. Y a esta película, en algunos tramos, se le escapa un poco. Hay sub-tramas que no terminan de aportar demasiado, escenas que se alargan más de lo necesario y una sensación general de que con un poco más de tijera habría ganado un poco mas de ligereza. 


En definitiva y resumiendo: Si te gusto la primera parte, es muy difícil que no te vaya a gustar DHURANDHAR: THE REVENGE. Es una película que apuesta por el exceso sin pedir perdón: grande, ruidosa y por momentos desbordada, pero también efectiva cuando encuentra su ritmo. No todo está igual de afinado —le sobran minutos y le falta algo de control—, pero su energía, su ambición y el peso de su protagonista hacen que el conjunto funcione más de lo que debería. No es redonda, pero sí lo suficientemente potente como para dejar huella en el espectador y que en mas de una escena, el publico aplauda desde el patio de butacas, ya sea por sus momentos de acción y algún giro de guion inesperado.