martes, 5 de marzo de 2019

Lords of Chaos (2018)


La historia de un joven que quiere darle un nuevo giro a la escena del black metal en Oslo, Noruega, acaba teniendo consecuencias fatales.

La mayoría de las veces, cuando ves grupos musicales como Mayhem, todos vestidos de negro, pintura facial, sangre por todas partes, gritando al demonio, blandiendo espadas y cosas por el estilo, puedes pensar que todo es un acto elaborado. Un truco pseudo-nihilista preparado para lucir tan sombrío y solemne como sea posible mientras oculta en secreto un objetivo más capitalista: ganar dinero con su imagen. Y con LORDS OF CHAOS (2018) de Jonas Akerlund, parece un poco cierto, pero algunos de los integrantes de esta banda en particular realmente tenían un halo de oscuridad, y sus hazañas grotescas, hacen de una película biográfica, a veces convincente, a veces redundante, de cómo pasaron de ser una banda que tocaba en un garaje de un pequeño pueblo a convertirse en un fenómeno gracias a dos tragedias fatales.


En gran parte, la película se centra en el grupo Mayhem, y en el fundador y autoproclamado creador del "black metal noruego" Oystein Aarseth, también conocido como Euronymous, en una parte creyente en la causa del black metal, una parte empresario feliz que intenta proyectar una imagen del mal mientras no la practica exactamente. Interpretado por Rory Culkin, Aarseth es carismático y es probable que se acredite por el trabajo de otras personas. Aarseth se rodea con personas genuinamente más oscuras, como Dead (Jack Kilmer), el inestable cantante de Mayhem cuya obsesión con la muerte era muy real, y Varg (Emory Cohen), un talentoso músico. Su exterior inicialmente manso esconde a alguien que es verdaderamente peligroso.


A pesar de que estos tipos adoran la muerte, cometen asesinatos y queman iglesias, LORDS OF CHAOS sigue el guion de muchos biopics del mundo del espectáculo. Los celos mezquinos y la astucia amenazan con arruinar estas vidas, ya que el novato se vuelve más "metal" que la estrella establecida y comienza a robar el centro de atención. La película finalmente establece un ritmo en el que los miembros de la banda hacen una cosa terrible, una tras otra y toda la acción se vuelve un poco repetitiva. Después de un tiempo en el metraje, no hay muchas razones para ver a estos sociópatas, excepto para ver qué tan bajo pueden caer (bastante), y aunque las actuaciones son lo suficientemente convincentes, los personajes nunca se desarrollan lo suficiente, excepto para el Aarseth de Culkin. Un punto que la película trata de hacer es que es que es difícil separar la fanfarronería con quienes realmente son estos tipos (como pone al principio de la película, está basado en hecho reales y mentiras) y realmente crea la sensación de confusión en el espectador de lo que esta ocurriendo, aspecto muy positivo dentro de la narración.


El director Jonas Akerlund logra perturbar con frecuencia al espectador, en dos escenas de asesinato particularmente desagradables y algunas secuencias de sueños surrealistas. También encuentra un punto de comedia negra dentro de la vida de la banda, lo que lleva a algunos de los mejores momentos de la película, aunque el espectador tiene que tener un sentido del humor bastante retorcido para reírse de lo que sucede aquí (en mi caso, un rotundo sí). En general, sin embargo, el estilo de Akerlund es bastante tradicional; ha negado cualquier elección estilística que puedan asociar con él a partir de sus videos musicales (o su reciente película POLAR de Netflix). Obtiene actuaciones que pueden considerarse naturales (al menos eso creo) con Culkin proyectando un mínimo de humanidad en los momentos más personales de Aarseth. Cohen, como Varg, está bien, pero el personaje nunca parece tan psicótico como la película quiere que parezca. Más fascinante como personaje es Bård Faust interpretado por Valter Skarsgard (si, ¡otro Skarsgard!), que se esconde en los límites de la historia y se convierte en el más desquiciado de todos, como lo demuestra una de las escenas más duras de la película. Sky Ferreira aparece de forma intermitente como el interés amoroso de Aarseth, pero la película no hace nada por ella (al ser un personaje inventado para la película).


En definitiva y resumiendo: LORDS OF CHAOS es una película cuya historia es muy atractiva para los amantes de la música y los biopics cinematográficos. Sin embargo, no hay mucha música en la película, ya que Akerlund está mucho más interesado en los frentes que ponen estas personas que en la música de la que hablan tan apasionadamente. Con casi dos horas de duración, hay ciertos altibajos en la historia, con un segundo acto repetitivo (la quema de iglesias en bucle), con un desequilibrio de profundidad en los personajes (casi todo enfocado en el personaje de Aarseth) pero que sin duda es una historia curiosa que merece ser vista por todo tipo de espectadores (ya te gusté el black metal o Rosalía)

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