Cuando 28 DÍAS DESPUÉS llegó a las salas en 2002, no solo revitalizó el género zombi: redefinió la narrativa postapocalíptica con una crudeza estética y emocional que parecía sacada más de una pesadilla urbana que del cine de terror convencional. Ahora, más de dos décadas después, 28 AÑOS DESPUÉS irrumpe como el intento ambicioso —pero desigual— de recuperar aquella energía fundacional. Con Danny Boyle de nuevo en la dirección y Alex Garland a cargo del guion, esta primera entrega de una trilogía busca expandir el universo con mayores recursos, un reparto destacado y un enfoque más épico. El resultado, sin embargo, es una película que ofrece momentos de brillantez visual, pero se extravía en su propio laberinto narrativo.
Han transcurrido casi 30 años desde que un virus de rabia se escapó de un laboratorio de armas biológicas, y, aún bajo una estricta cuarentena, algunos han logrado adaptarse y sobrevivir en medio de los infectados. Un grupo de estos sobrevivientes vive en una pequeña isla, conectada al continente por una única carretera fuertemente custodiada. Cuando uno de los miembros del grupo decide dejar la isla y aventurarse en el oscuro y peligroso continente, descubre una serie de secretos, maravillas y horrores, no solo relacionados con los infectados, sino también con otros sobrevivientes que han sido transformados por los efectos del virus.

