Hubo una época –los 2000, cuando los reality shows dominaban la tele– en la que THE BIGGEST LOSER era imposible de ignorar en los Estados Unidos. El programa prometía redenciones en forma de cuerpos transformados, pero también dejaba una sensación extraña: la inspiración se mezclaba con el malestar de ver a gente al límite, como si el espectáculo de la humillación se hubiera disfrazado de salud.
El documental "THE BIGGEST LOSER": LA VERDAD DEL REALITY PARA PERDER PESO (2025), dirigido por Skye Borgman y estrenado en Netflix, intenta desmenuzar ese fenómeno. Lo hace a través de entrevistas con concursantes, entrenadores, productores y expertos, para preguntarse qué dejó realmente el show: ¿motivación o cicatrices que se quedan de por vida en el interior de los concursantes?
Y aquí conviene decirlo claro: su mayor fortaleza son los testimonios. Cuando Kai Hibbard o Suzanne Mendonca cuentan cómo la presión por adelgazar los llevó a prácticas insalubres –deshidratación, dietas de hambre–, el espectador siente que, de pronto, se abre la cortina. Bob Harper, uno de los dos entrenadores estrella del reality, aporta matices: reconoce fallos, pero insiste en la intención positiva inicial, aunque parece que esta mas preocupado por limpiar su imagen y echar la culpa directamente a los productores. Los psicólogos y nutricionistas, por su parte, ponen en palabras lo evidente: la televisión convirtió la obesidad en un espectáculo de vergüenza pública, donde la gracia era reírse de la gente obesa.
Borgman estructura el relato en tres episodios que avanzan con orden, apoyados en imágenes de archivo que muestran lo que quizá olvidamos o quisimos no ver: cuerpos exhaustos en cintas de correr, lágrimas en primer plano, entrenadores gritando como generales en plena guerra. Y ahí es donde el documental golpea: nos hace conscientes de que, durante años, consumimos eso como entretenimiento familiar que no afectaba a nuestra consciencia.
El problema es que la serie documental se queda a medio camino. Sí, expone los excesos y daños del programa, pero evita clavar el cuchillo donde más duele: ¿qué responsabilidad tuvo la industria televisiva? ¿Qué papel jugamos como audiencia que aplaudía cada kilo perdido? El documental sugiere, pero no concluye. Prefiere rodear al gigante que enfrentarlo directamente. ¿Quizá para no tener problemas con demandas?.
Visualmente es correcto, sin alardes. Las entrevistas funcionan, los archivos impactan, pero falta esa chispa creativa que convierte un buen documental en un golpe inolvidable. El ritmo también peca de repetitivo, y su metraje en ocasiones parece más largo de lo que debería. Ahora bien, su relevancia es innegable. En un presente atravesado por debates sobre salud mental y "body positive", la serie documental llega como recordatorio incómodo de cómo la cultura pop moldeó (y distorsionó) nuestra relación con el cuerpo. No cambia el mundo, pero abre un espacio de conversación, como lo demuestra el revuelo en redes desde su estreno.
En definitiva y resumiendo: "THE BIGGEST LOSER": LA VERDAD DEL REALITY PARA PERDER PESO es una serie documental sólido, honesto y oportuno, pero demasiado prudente en ocasiones para ser memorable. Lo ves, reflexionas, compartes un par de opiniones, te asombras hasta donde llega la crueldad humana por tener un buen "rating" de audiencia y sigues adelante. Un retrato necesario, aunque dibujado con trazo demasiado tímido.