En el vasto panorama del cine indio contemporáneo, donde las historias de amor a menudo se entretejen con elementos de drama social y musical, TERE ISHK MEIN (2025), dirigida por Aanand L. Rai, emerge como una propuesta ambiciosa pero irregular. Con un elenco estelar encabezado por Dhanush y Kriti Sanon, y la banda sonora a cargo del maestro A.R. Rahman, la película promete explorar las profundidades del amor obsesivo en el contexto místico de Benarés. Sin embargo, lo que podría haber sido un análisis sobre la transformación personal y el sacrificio romántico termina convertida en un melodrama excesivo, donde la pasión se confunde con la toxicidad. Tras su estreno reciente, esta cinta deja una sensación agridulce: momentos de belleza visual y emocional, pero empañados por decisiones narrativas problemáticas que la arrastran hacia lo predecible y lo cuestionable.
Shankar, un piloto de la Fuerza Aérea castigado por desobediencia, cuya evaluación por la psicóloga Mukti evoca recuerdos de su turbulento pasado. La historia recorre su intenso romance universitario, el intento de ella por corregir su agresividad y el desamor que define su presente.
Ambientada en las calles laberínticas de Benarés, la historia se desarrolla como una historia de romance maldito, inspirado vagamente en leyendas poéticas y mitos de amor eterno. Rai, conocido por éxitos como RAANJHAANA (2013) y ATRANGI RE (2021), intenta aquí repetir la fórmula de amores imposibles que desafían normas sociales, pero con un giro más oscuro: la exploración de la masculinidad herida y la redención a través del sufrimiento. Sin revelar spoilers, el guion –escrito por Himanshu Sharma– navega entre flashbacks emotivos y confrontaciones intensas, culminando en un clímax que pretende ser catártico, pero que resulta demasiado forzado. Visualmente, la película no tiene aspectos negativos. La cinematografía captura la esencia de Benarés con tomas aéreas y un uso magistral de la luz del atardecer, evocando una atmósfera de trascendencia. La partitura de Rahman, con sus melodías fusionadas de folk y orquestales, eleva varias secuencias: canciones como "Ishq Di Baajiyaan" inyectan un pulso emocional que resuena con la tradición de la antigua bollywood. Estos elementos técnicos salvan a la cinta de caer en el olvido total, ofreciendo al espectador un banquete sensorial que compensa, en parte, las deficiencias narrativas.
Sin embargo, donde TERE ISHK MEIN tropieza con mayor fuerza es en sus actuaciones, que rayan en lo exagerado y lo caricaturesco. Dhanush, un actor versátil con un historial impresionante en el cine tamil y hindi, interpreta a Shankar con una intensidad que bordea el histrionismo. Sus arrebatos de ira y pasión son tan exagerados que pierden la credibilidad hacia el espectador, incluyendo un repertorio de gritos, miradas penetrantes y gestos grandilocuentes que parecen sacados de un teatro de variedades más que de un drama introspectivo. Esta sobre-exageración no solo fatiga al público, sino que diluye el impacto emocional de su personaje, convirtiéndolo en una figura unidimensional obsesionada con su propio dolor. Kriti Sanon, por su parte, ofrece una interpretación más contenida al principio, pero pronto cae en el mismo pozo de exceso dramático. Sus escenas de confrontación con Dhanush se vuelven repetitivas, con diálogos cargados de monólogos poéticos que suenan falsos en boca de actores que parecen competir por quién grita más fuerte o quien pone la mirada mas intensa.
Pero mi problema con la película bajo mi opinión es la representación de los roles de género, particularmente el femenino. Mukti es presentada inicialmente como una mujer empoderada: inteligente, independiente y con una carrera prometedora en psicología. No obstante, a medida que avanza la trama, su personaje se transforma en una suerte de antagonista involuntaria, encarnando el "mal" que daña al hombre frágil (que por muy violento que sea, no es su culpa). El guion la pinta como poseedora de un ego desmedido y una "masculinidad" mal entendida –es decir, su ambición profesional y su reticencia a someterse completamente al caos emocional de Shankar se interpretan como defectos que hieren el orgullo masculino. Esta dinámica refuerza estereotipos tóxicos: el hombre como víctima de su propia vulnerabilidad, redimible solo a través del sacrificio femenino, mientras que la mujer es culpada por no doblegarse lo suficiente. En una era donde el cine indio ha avanzado con películas como DARLINGS (2022) o THAPPAD (2020) en temas de género, TERE ISHK MEIN retrocede, promoviendo una masculinidad herida que justifica la violencia emocional y física como expresiones de "amor verdadero". Las amenazas de suicidio y los actos destructivos de Shankar se romantizan, mientras que el "ego" de Mukti se demoniza, sugiriendo que las mujeres fuertes son las verdaderas culpables de los males masculinos. Esta perspectiva no solo es regresiva, sino que trivializa temas serios como la salud mental y el abuso, convirtiendo lo que podría ser una crítica social en un panfleto misógino disfrazado de romance. Y aparte del dinero que le ofrecieron a Kriti Sanon por el papel de Mukti, no entiendo como pudo aceptar un personaje que directamente deja al genero femenino por lo suelos, solo para que el publico masculino indio se sienta mejor consigo mismo.
La dirección de Rai, aunque hábil en lo estético, falla en equilibrar estos elementos. El ritmo es irregular: las primeras dos horas se extienden con secuencias redundantes de conflicto emocional, mientras que el final se precipita en resoluciones convenientes que dejan cabos sueltos. El elenco secundario, incluyendo a veteranos como Jaya Bachchan, apenas aporta profundidad, sirviendo más como accesorios para el dúo protagonista.
En definitiva y resumiendo: TERE ISHK MEIN aspira a ser una tragedia romana moderna, pero se pierde en su propia grandiosidad. Los destellos de genialidad en la música y la ambientación no compensan las actuaciones exageradas ni la problemática visión de género, que perpetúa narrativas dañinas sobre el amor y la masculinidad. Para fans incondicionales de Dhanush o Rai, podría ofrecer un entretenimiento pasajero, pero para quienes buscan profundidad y sensibilidad contemporánea o un papel donde Kriti Sanon luzca, resulta decepcionante. En un 2025 donde el cine indio sigue evolucionando, esta película se siente como un gran paso atrás.




