En los primeros años de la década de 1910, cuando el cine aun no tenia reglas establecidas, LA MARCA DEL FUEGO (1915) se alzó como una obra de transición y de ruptura. Dirigida por Cecil B. DeMille para la Jesse L. Lasky Feature Play Company (futura Paramount), fue uno de los primeros largometrajes estadounidenses que demostró que el cine podía ser algo más que entretenimiento barato: podía ser arte sofisticado, perturbador y ambiguo. La película marcó un antes y un después en el uso del lenguaje visual, la iluminación expresiva y la narrativa adulta, anticipando muchos de los recursos que luego asociaríamos al cine clásico
Richard, un broker de Wall Street, tiene que soportar que su esposa Edith despilfarre el dinero en caprichos. A tal efecto, Edith llega a emplear dinero de un fondo benéfico para invertir en bolsa por su cuenta, con pésimos resultados. Para restituir ese dinero acude a pedir un préstamo a un oriental de dudosa ética.


