LA LEYENDA DE OCHI es una de esas películas que entran por los ojos desde el primer minuto y que, poco a poco, van perdiendo fuerza a medida que avanzan. No porque esté mal hecha —todo lo contrario—, sino porque parece confiar demasiado en su envoltorio visual y no lo suficiente en lo que ocurre dentro. Hay imaginación, sensibilidad y una apuesta clara por lo artesanal, pero también una narrativa que nunca termina de agarrarte del todo.
En una aldea remota de la isla de Carpatia, Yuri, una tímida campesina, es criada con el miedo a una especie animal esquiva llamada ochi. Pero cuando Yuri descubre que han abandonado a un bebé ochi herido, emprende una misión para traerlo a casa.

