LA MADRE DEL MAL no es una película que se deje ver con comodidad. No se explica sola, no busca agradar y desde luego no intenta caer bien. Dario Argento llega a 2007 sin ganas de reconciliarse con nadie, y eso se nota desde el primer minuto. Esta tercera y última entrega de la trilogía de las Tres Madres no funciona como un cierre clásico, sino como un estallido final: una obra desbordada, irregular y excesiva que parece más interesada en dejar una marca que en ordenar sus propias ideas.
Sarah Mandy, una estudiante de restauración de obras de arte, examina en Roma una urna que contiene las cenizas de una bruja llamada Mater Lachrymarum. El regreso de esta hermosa pero terrible hechicera provoca una ola de asesinatos que arrasa la capital italiana. Mientras tanto, las brujas celebran un aquelarre para rendir homenaje a su reina.


















