A veces el cine tiene un don para los inicios: una premisa seductora, un entorno con carácter, un reparto con brillo. Y sin embargo, algo —un pequeño desequilibrio, una decisión mal calculada, un tono mal afinado— impide que todo eso cuaje. MISTERIOSO ASESINATO EN LA MONTAÑA es uno de esos casos: una película que promete más de lo que entrega, y que termina siendo una anécdota simpática atrapada en un cuerpo de thriller al que le falta filo.
Michel y Cathy, vendedores de árboles de Navidad, viven en un pequeño pueblo del Jura con su hijo de 12 años, Doudou, un niño con un comportamiento difícil. Ahogados por las deudas y otros problemas económicos, la pareja se deteriora poco a poco. Hasta que un día, al volver a casa, Michel evita por poco atropellar a un oso en la carretera; su coche termina chocando con otro, matando en el acto a sus dos ocupantes. Tras informar a Cathy, ambos deciden deshacerse de los cuerpos. Pero al hacerlo, descubren en el maletero un bolso lleno de dinero, que calculan en más de dos millones de euros.








